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Pieza menor y peones Veremos aquí finales simples con desequilibrio de una pieza que, en principio, tendrían que resolverse a favor del bando que la posee, es decir, tablas si no tiene peones o victoria si los tiene. Para empezar veremos el caso del alfil que, acompañado de un peón, se impone sin dificultades, a no ser que el peón sea de torre y la promoción se produzca en una casilla de distinto color a la del alfil, pues el rey, una vez ocupada la casilla, no tiene porqué dejar el control. Aún así, puede ocurrir que el bando fuerte corte el paso, ganando la partida. Veamos un ejemplo:
Si las negras son mano, basta con 1. ..., Rg8 para entablar, pero jugando las blancas 1. Ad5, Re7 2. h7 y ganan. Otro caso es el siguiente (A. Troitzky, 1896):
1. Ae6 Re7 2. h6! Rf6 3. Af5 Rf7 4. Ah7! Rf6 5. Rf4 Rf7 6. Rg5 Rf8 7. Rf6 Imponiéndose el blanco por la perfecta coordinación de sus piezas. Alfil y peón sostenido por su rey gana contra rey sólo, excepto en el caso de que sea peón de caballo en 6°, alfil en siete torre y rey de la defensa delante del peón, que serán tablas en cualquier situación del rey atacante, o en los casos en que el peón es de torre y el rey de la defensa llega a controlar la casilla de coronación. Si el alfil tiene que enfrentarse a peones, es probable que sean tablas, pues se trata de una pieza muy adecuada para impedir su avance, sobre todo en el caso de que estén en casillas de distinto color de las que controla; normalmente puede parar dos peones, con más posibilidades si están ligados, a no ser que llegaran a la 6° fila. Debe procurarse, como regla general, que el rey circule por las casillas que no controla el alfil a fin de no obstaculizarlo y, complementariamente, el bando de los peones debe colocar éstos impidiendo el paso de la pieza enemiga. Veremos ejemplos donde quedan claras las posibilidades para cada bando y que pueden servir como referencias en los casos particulares que se presentan. En el siguiente ejemplo (Reti, 1922) el alfil está controlando los dos peones, y el rey tiene que decidirse por ir hacia un lado o hacia el otro; como está obstaculizado por el rey enemigo, parece que las únicas posibilidades están en tapar a su alfil, pero esto, como vimos, es contraproducente:
1. Rd5 b3 2. Af5 b2 Y no se puede atender a todo. Con 1. Rf5, h3 también ganan. La continuación precisa será: 1. Rd6! Rd4 Dejando paso libre a su alfil. 2. Rc6! Rc3 3. Rd5! b3 4. Re4 b2 5. Aa2! Y la situación queda controlada. El ejemplo contrario sería el que sigue, que con el rey en e6,f7 o g6, entablaría, pero en este caso pierde con:
1. a5 Af8 2. Rd5 Ah6 3. g5+ Ag5 Si 3. ..., Rg5; 4. a6. 4. Re4 Ah4 5. Rf3 Y el peón resulta imparable. En el caso de que se trate de peones ligados que alcanzaron la sexta fila, el alfil tendrá posibilidades de decidir las tablas cuando pueda tomar parte activa en el final, perdiendo en el caso contrario. En el próximo diagrama, los peones al estar apoyados por el rey muy cercano a la banda, no dejan espacio para la defensa, jugándose:
1. c7+ Rc8 2. b7+! Rc7 No se puede dejar trabajar al enemigo. 3. Ra7 Ac5+ 4. Ra8 Ganando, cosa que no ocurriría si le tocase jugar primero a las negras: 1. ... Ad6 En el siguiente cuadro podemos ver el caso de la actividad del alfil, donde no sirven los recursos ganadores de la posición anterior, pues a 1. d7+ sigue:
1. ... Rd8 2. c7+ Rd7 3. Rb7 Aa6+! 4. Rh8 Ac8 Y el control de la situación es absoluto. En constelaciones amplias de peones, es fundamental que el alfil goce de la mayor libertad posible, procurando que el rey y peones que lo acompañan estén situados en casillas de distinto color de las que controla y, al mismo tiempo, el bando de los peones deberá impedir con ellos la actividad del rival. En el caso siguiente (Capablanca - Lasker, Nueva York, 1924) el negro tiene el alfil impedido por la situación de los peones, actuando casi como uno de ellos, por lo que las blancas pueden hacer valer su cadena de peones:
1. b4 a6 2. Rg4 Ac4 3. f5 Ab3 Activando la masa de peones. 4. Rf4 Ac2 5. Re5 Rf7 6. a4! Rg7 Si 6. ..., Ae4; 7. Re4 y los peones son imparables. 7. d5! Aa4 8. d6! c5 El alfil está cortado por su peón. 9. bc5 Ac6 10. Re6 a5 11. f6 Ganando. El caso contrario es el siguiente, una curiosidad donde puede apreciarse la mala disposición de los peones atacantes:
1. Ad7+ Ra3 2. Ac6 Ra2 3. Rc2 Y tablas. Por su parte, el caballo presenta también características especiales. En la lucha contra peones es la pieza menos apta, tanto para defender los propios como para atacar los enemigos, por la lentitud de sus movimientos, la imposibilidad de actuar a distancia y porque en cada movimiento que hace cambia el color de las casillas que domina. Se trata de una pieza más táctica que estratégica, prestándose mejor para las sorpresas en las acciones continuadas. Tiene una ventaja sobre el alfil, y es que puede dominar todas las casillas del tablero, mientras que el alfil domina la mitad correspondiente a su color. Cuando el caballo tiene un peón de su bando, para defenderlo eficazmente debe situarse por detrás, pues, en el caso de ser atacado por el rey, no tiene por que moverse al quedar el peón libre en caso de ser capturado, como ocurre en el siguiente caso:
1. Cc2 Rc3 2. b4 Y el blanco tiene tiempo de acudir con su rey para apoyar el avance. El caso contrario sucede en el próximo diagrama (J. Berger, 1922) donde el caballo está por delante:
1. ... Rd3 2. b4 Rc4 3. b5 Rc5 4. Rg2 Rb6 Y nada impide que las negras tomen el caballo o el peón. También cabe señalar que, de ser peón de torre, las probabilidades de victoria son menores, entablando en el caso de llegar a la séptima fila con el rey de la defensa delante, no pudiendo ser desplazado del rincón o no habiendo mate en la jugada siguiente al último avance del peón. Cuando el caballo tiene que parar el avance de un peón, sus posibilidades pasan porque el rey no controle a la vez la casilla de coronación y aquellas a las que la pieza ataca la entrada, es decir, tiene mejores perspectivas el peón de torre, dado que el caballo sólo puede situarse en dos casillas, además de la de coronación. En el siguiente ejemplo se puede ver los movimientos que debe ejecutar el caballo para empatar:
1. Rd6 Cb8 2. Rc7 Ca6+ 3. Rb6 Cb8 4. Ra7 Cd7 Y no hay manera de desviar la atención de la pieza que estorba. Con muchos peones, lo más probable es que el caballo acabe por imponerse, ya que es una pieza difícilmente limitable por las cadenas de peones, tanto propias como enemigas. En el ejemplo siguiente (Oltetsian - Chejóver, Leningrado, 1953) las blancas tienen dos peones por la pieza, pero esta tiene todo bloqueado, por lo que su bando ganará la partida:
1. ... Cd3 2. c6+ Re7 3. c7 Rd7 4. c8=D Rc8 5. Re6 Cf4+ 6. Rf7 Ch5 Lo mismo ocurre en posiciones bloqueadas, como en la partida de Nimzowitsch - Alekhine (Nueva York, 1927), cuyo final aparece en el siguiente cuadro:
Donde las blancas tienen superioridad material y de posición, y lo que deben conseguir es un peón pasado y coronarlo, cosa que resulta fácil en el flanco de rey. La partida siguió así: 1. Ce4 h4 2. g4! h3 3. Rf3 b4 4. Cg5 c4 5. Ce4! cb3 6. g5 b2 7. Cd2 Rc5 8. g6 h2 9. Rg2 Rd4 10. g7 Rd3 11. g8=D Rd2 12. Da2 Rc2 13. Dc4+ Y el negro abandona |
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